Tradición + Ciencia

Argelia Dávila

Lloradero en vivienda en el ejido de San Rafael, Coahuila de Zaragoza.
Fotografía: Ricardo Ortiz Bernal, mayo del 2021.

Antes de la ciudad estuvieron el caserío, el santuario y la aldea; antes de la aldea, el campamento, el escondrijo, la caverna y el montículo; y antes de todo esto ya existía la tendencia a la vida social que el hombre comparte, evidentemente, con muchas otras especies animales.

Lewis Mumford

En la actualidad sufrimos un impacto brutal al ambiente, del cual además somos responsables en mayor o menor medida, esto se ve reflejado en el calentamiento global, crisis de agua y de recursos naturales, además de trastornos del clima y de los ecosistemas, todo esto tiene un impacto directo no solamente en la naturaleza sino también en la identidad de los pueblos. Al vernos inmersos en la globalización y al tratar de hacer que las poblaciones se reconozcan como capital humano, la economía global y el consumismo nos conduce a cosificar también a la naturaleza.

Asimismo, ésta es difícil de tasar en términos económicos, esta relación economía-ecología lleva consigo una serie de dilemas, la geopolítica del desarrollo ve con esperanza esta relación, sin embargo, las diferencias económicas existentes entre algunos países son abismales, por lo tanto, un análisis local con soluciones locales puede disminuir esta brecha tomando en cuenta todas sus variables.

En un artículo publicado por Robert Hofstede en el libro titulado: Sabiduría y Adaptación en el año 2014, hace un recorrido y un análisis de diversas comunidades de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, todas con ciertas características de bioma similares y en donde, a pesar de tener diferente tipo de organización comunal y medios de sustento, después de hacer un análisis sistemático de las comunidades, hace notar que la adaptación es un proceso social dinámico y la capacidad de un colectivo de adaptarse es determinada por su habilidad de actuar, decidir y aprender en conjunto.

Explica que el saber tradicional incluye el conocimiento, innovación y todas las prácticas de las comunidades indígenas locales y que se han desarrollado a partir de la experiencia adquirida a lo largo de los siglos, que la cultura local se adapta al medio ambiente. Esta tradición se transmite de forma oral y es de carácter holístico.

El saber científico, por otro lado, se construye sobre el tradicional –según el autor- pero se estandariza y tiene métodos de análisis y experimentación. Separa lo racional y lo espiritual y sistematiza los medios escritos, afirma que el enfoque o el saber científico es originado en el conocimiento tradicional. (Hofstede, 2014)

El autor concluye que la adaptación es un proceso social dinámico y la capacidad de una sociedad de adaptarse, es determinada por su habilidad de actuar, decidir y aprender colectivamente. La organización en las comunidades se deteriora por factores como la migración, las fuentes de trabajo fuera del territorio y el acceso a la tecnología entre otros.

En México, el territorio y sus elementos tangibles están cargados de una fuerte identidad y tradiciones, que además nos provee de recursos, donde inscribimos un pasado histórico y donde heredamos una memoria colectiva. “El territorio es el lugar clave donde la gente reconfigura su identidad a través de formas culturales de valorización del ambiente y de reapropiación de la naturaleza” (Leff, 2004) El territorio cuenta con varios niveles: el de apropiación o pertenencia, el de poder que incluye los aspectos sociales, económicos, políticos, culturales y el de frontera que lleva en sí mismo los límites que lo circundan.

Este lugar, como lo nombra Enrique Leff, es el sitio donde se encuentra arraigada la identidad y donde además se conjugan lo real, lo imaginario y lo simbólico. Los pobladores de un lugar dotado de tradiciones van construyendo sus propios territorios, más en lo local que en lo global. La globalización nos ha llevado a desdibujar estas tradiciones en aras de mercantilizar los territorios y adjudicarles un valor económico.

La universalización, según otro autor llamado Kenneth Frampton, es un concepto que conlleva a la destrucción de las tradiciones de los pueblos, lo cual es “el núcleo creativo de las grandes culturas, ese núcleo sobre cuya base interpretamos la vida. (Kenneth, 1985) Sin esta interpretación o percepción de nuestros territorios, nos volvemos objetos inmersos en la economía global. Objetos de cambio.

Y surgen los siguientes cuestionamientos: ¿Cómo adaptar la naturaleza a la economía? Es como querer medir el sol con los pies. ¿Cómo igualar la cultura en México con la cultura de otros países? ¿Cómo poner en una balanza el norte y el sur en nuestro país? Inclusive dentro de nuestro estado y de nuestro municipio, incluso de nuestra ciudad. ¿Cómo darle valor económico, convertir a dinero el valor del suelo y de sus habitantes con todas sus formas de ver el mundo? ¿Es la cultura y la identidad propia de un lugar, parte del hábitat humano?

Referencias:

Kenneth, F. (1985). Hacia un regionalismo crítico: Seis puntos para una arquitectura de resistencia. Barcelona, España: Kairos.

Leff, E. (2004). Racionalidad ambiental. La reapropiación de la naturaleza. México, México: Siglo XXI Editores.

Mumford, L. (2012). La ciudad en la historia. Editorial Pepitas de calabaza. La Rioja, España.

Vides-Almonacid, R. (2014). Bases conceptuales y enfoques estratégicos para la adaptación al Cambio Climático en América Latina. En: Sabiduría y Adaptación: El Valor del Conocimiento Tradicional en la Adaptación al Cambio Climático en América del Sur. Lara, R. y Vides-Almonacid, R. (Eds). UICN: Quito, Ecuador.

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