La valoración de la arquitectura menor del centro histórico de Saltillo como patrimonio cultural del siglo XX

Luis Everardo Castro Solís*

Fotografías; Luis Castro

En el presente ensayo se intenta una contribución a la valoración como patrimonio cultural de la arquitectura menor del centro histórico de Saltillo, partiendo de consideraciones de carácter biogeográfico y el sincretismo cultural que dio origen a la ciudad y mediante un esbozo de análisis histórico (sincrónico y diacrónico) de los inmuebles de vivienda, señalar su origen como herencia tlaxcalteca y su modificación producto de oleadas modales de globalización.

Introducción

En el centro histórico de la ciudad de Saltillo, capital del Estado de Coahuila, en México, la mayoría1 de las viviendas corresponden a un tipo que podría denominarse como arquitectura vernácula del noreste de México. Las arquitecturas vernáculas o contextuales (o menores) son consideradas de gran valor por “conformar ámbitos consolidados a través de un largo periodo histórico”, como señala Raúl Salas Spindola2

“Las arquitecturas vernáculas o contextuales son arquitecturas de origen popular que expresan valores de formas de vida y de tradiciones arraigadas en el pasado. Estas arquitecturas (llamadas menores) conforman ámbitos urbanos o rurales consolidados a través de un largo proceso histórico […] La traza urbana tradicional y las edificaciones vernáculas determinan espacios típicos con carácter propio, que combinados con el patrimonio natural, expresan cultura y otorgan identidad a los pobladores nativos”

Sin embargo, también este tipo de arquitectura, por ser considerada “menor” ha sido desestimada en su valor patrimonial como bien cultural e histórico y va desapareciendo paulatinamente del centro histórico3, como resultado de diversos influjos –El abandono por parte de sus propietarios, la intervención inadecuada para su reinserción en el mercado inmobiliario, los cambios de uso del suelo- que destruyen la frágil arquitectura de tierra que existe en Saltillo desde su origen y que, en muchas ocasiones, sigue viva –habitada.

La arquitectura menor del centro histórico de Saltillo

La arquitectura vernácula del noreste de México posee características propias : gruesos muros de adobe lisos, de doble alto, ventanas pequeñas y altas, disposición en crujías seguidas intercomunicada, con varios patios intercalados y zaguán; techos a base de tablas apoyadas en morillos a lo largo del claro corto y rellenos de tierra inorgánica en azoteas (terrado). Aparentemente, la fachada de ladrillo, o los ornamentos de ladrillo en la fachada, parecen ser una mejora a la versión original de las casas vernáculas de Saltillo5. Otra mejora puede ser el recubrir los techos, una vez reforzados con vigas adicionales, con mosaicos de barro.

Izq.- Vivienda vernácula muy similar a muchas que se ven en el centro histórico de Saltillo. Esta se ubica en el 527 de la calle de Cuauhtémoc sur. La herrería de la ventila en el arco de la puerta data de 1913. (Fotografía del autor, 2010). Der.- Casa en Allende sur 324. La herrería (presumiblemente el inmueble, al menos en su última versión corresponde al año 1897 según la placa en la herrería del arco. El arco que se ve en este caso es un arco trilobulado, no tan común en las casas de Saltillo salvo en este sector de la calle Allende. Son más comunes las entradas con arco de medio punto. (Fotografía tomada del Catálogo del Centro Histórico #04-0620)

Aproximadamente la mitad de las viviendas vernáculas del centro histórico de Saltillo, tiene un tipo de fachada notable por su decoración; se trata de una fachada que tiene insinuado, mediante una profusión de ornamentos de ladrillo lo que podría caracterizarse como una especie de portal neo-clásico insinuado en alto relieve. La presencia de la fecha en la herrería del portal sugiere la fecha de reconstrucción de la fachada, antes completamente lisa.

Entre los ornamentos de estas fachadas pueden notarse medias muestras6 a manera de relieves para señalar los límites de propiedad y marcos de puertas rematados por arcos de medio punto, los muros tienen rodapiés que recubren en ocasiones la sobreelevación de la cimentación, en la parte superior de la fachada, en lo que sería una imitación del arquitrabe de la arquitectura clásica, se usan cenefas, pretiles, remates parapetos, balaustradas y sobreelevaciones a manera de tiara o blasón en el centro del parapeto, escudos, gárgolas labradas, motivos florales, etc. La ornamentación se complementa con herrería protectora en grandes ventanas estructurada con un enrejado de hierro con motivos florales en la punta, emplomados en los nudos y atiesadores horizontales, y símbolos solares en ventilas de puertas, en donde frecuentemente se inscribe la fecha de construcción. Las ventanas suelen tener un murete a manera de basamento.

Izq.- Zaguán de casa abandonada en la calle Murguía. El morillo de sostén del tableado del techo ha cedido. Der.- Casco de casa de principios del siglo XX en proceso de decaimiento por abandono; lo que otrora fuera una casa vernácula típica del noreste de México en la calle Pdte. Cárdenas (En 1902 calle de Mexiquito), ahora son paredes y herrajes semiderruidos a merced del intemperismo. Abajo.- Casa vernácula abandonada; solo quedan los muros de esta casa en la esquina de Xicoténcatl y Ramón Corona (En 1902 Calle de San Juanito). Nótese el sistema constructivo de la cimentación sobre-elevada con respecto al nivel del piso exterior, como protección contra la socavación de muros por efecto del agua, dando origen al “rodapié”. En los muros se aprecia el deterioro que provoca utilizar recubrimientos a base de mortero de cemento y arena. Debe usarse otro tipo de recubrimiento como el bruñido7 (Fotografías del autor, 2010).

En otros casos más modestos el ornamento de ladrillo solo comprende los marcos de puertas y ventanas y límites de la fachada, dejándose un aplanado que originalmente debió ser de mortero de arena y cal apagada, y que desafortunadamente en muchos casos de remozamiento moderno, se hace de mortero de cemento-arena que permite el paso de la humedad hacia el interior, la cual eventualmente deteriora por completo el adobe por debajo del entortado.

Es interesante averiguar la génesis de la arquitectura vernácula que vemos en el centro histórico de Saltillo, para valorarla plenamente como patrimonio cultural8 del siglo XX.

Es menester conocer primeramente el contexto histórico en el cual ocurrieron los eventos que dieron lugar a dicha arquitectura que, sí verdaderamente posee un valor patrimonial, debe expresar la identidad de los pobladores originales, debe ser un verdadero monumento que de forma insospechadamente remota determina el presente, como señala A. Rossi9:

“Creo que la importancia del rito y su naturaleza colectiva, su carácter esencial de elemento conservador del mito constituyen una clave para la comprensión del valor de los monumentos y, para nosotros, del valor de la fundación de la ciudad y de la transmisión de las ideas en la realidad urbana”.

Los ejemplos de arquitectura “menor”, de arquitectura contextual, tienen un valor patrimonial histórico que merece ser considerado y gestionado como tal, pues en ella y en los trazos de las calles que enmarcan, se encuentra el origen salvaje y multi-polar de Saltillo moderno, hoy ciudad metropolitana y polinuclear, pero en donde está presente aun la impronta de los antiguos pioneros, colonizadores y constructores.

La construcción de la ciudad es la construcción de las casas, de los monumentos individuales dice Rossi, pero en ese proceso se determina el trazo de las calles de la ciudad, de otra forma explicables trivialmente como simples rutas para ir de un lugar a otro. Entonces también puede verse el trazo de aquel centro, hoy histórico, como un determinante de la forma urbana de la metrópoli actual, sin intentar, de ninguna forma caer en el atrevimiento de promulgar nuestras conjeturas como algo acabado sino como una invitación a efectuar el análisis histórico del patrimonio cultural de Saltillo, para entender el presente y que lleve a una sana revaloración de la arquitectura menor del centro histórico Saltillense.

Dos cuestiones que se aspira a contestar esperando contribuir a la valoración del patrimonio arquitectónico “menor”, para que “lo menor” sea solo una forma de designación de dicho patrimonio, y no tanto una valoración cualitativamente connotada, son:

¿En qué sentido tiene valor como patrimonio histórico y cultural el tipo de vivienda en Saltillo al que se alude10?

¿Cómo se manifiesta la ocurrencia de este patrimonio cultural en la configuración de la forma urbana actual?

Y es imposible no remontarnos al origen mismo, geográfico e histórico de Saltillo para tratar de elaborar una respuesta sostenible.

El lugar denominado Saltillo

Biogeográficamente, la región del norte y noreste de México es una verdadera frontera interior del continente americano, pues constituye el borde del gran desierto de Chihuahua11; considerando las amplias variaciones de temperaturas entre el día y la noche y la escasa precipitación pluvial, las condiciones para la vida en ese desierto son de las más difíciles que se pueden encontrar en Norteamérica.

El valle hoy denominado de Saltillo, se caracteriza fisiográficamente como un valle elevado situado entre las sierra de Zapalinamé y el Gran Arco de la Sierra Madre Oriental en el lindero suroriental del desierto de Chihuahua. Saltillo se ubica en el único paso libre que permite la Sierra Madre Oriental hacia el noreste de México, siendo la última oportunidad de abastecimiento o refugio para quien viniera desde las minas de Mazapil en Zacatecas.

Al sur del valle, existe una meseta que se eleva unos 200 metros con respecto al “piso” del valle (Meseta De Arizpe); en sus laderas existen condiciones favorables para la ocurrencia de manantiales artesianos de agua (ojo de agua brotante). El valle de Saltillo es cruzado por múltiples arroyos que fluyen en dirección noreste y la vegetación ripariana –árboles de pirul (Schinus molle), sauces (Salix), olmos (Ulmus) enmarcando a dichos arroyos, debió destacar sobre el matorral xerófito característico.

En esta relativamente templada región había pues, agua y vegetación abundantes, consecuentemente también muchos animales que cazar, por ende era un hábitat con mucha energía libre disponible para su captación por parte de los nómadas acostumbrados a las duras condiciones del desierto. Para los conquistadores españoles –cazadores de esclavos- representaba un lugar inmejorable con ventajas logísticas y militares, pues además de la presencia del agua, la orilla de la meseta junto al valle, era un estupendo lugar para la ubicación de un nuevo presidio en un lugar elevado que dominaría estratégicamente el lugar. La existencia de un “pequeño salto de agua” en el lugar de la fundación dio origen al nombre de la ciudad.

Génesis y consolidación de Saltillo

A partir de la caída de la Gran Tenochtitlán (13 de agosto de 1521), la penetración de los conquistadores hispanos en busca de mercedades y minerales preciosos y de las ordenes mendicantes en busca de “almas que salvar” se inició teniendo como ruta principal el Camino Real de Tierra Adentro, la ruta entre México y San Juan Pueblo, Nuevo México. El monje “carretero” Sebastián de Aparicio (n. 1502) inició el trazo del Camino Real en 1537. En realidad los estudiosos consideran que el camino se estableció reutilizando rutas que los propios indios ya tenían caminadas en estos territorios. Dichas rutas eran “corredores naturales” por entre las laderas de las sierras en donde el clima, la vegetación y la topografía permitían el tránsito.

La estrategia utilizada por los conquistadores españoles era la de fundar presidios12 como una cadena de puestos de avanzada en los linderos del territorio inhóspito del gran desierto de Chihuahua para fines de defensa y pacificación; no es que hubiera un verdadero presidio; se interpreta que eran instalaciones de tipo barraca o fuerte para concentrar personal militar (cazadores de esclavos) ocupado en contener y concentrar a los indios en un poblado. En este caso, la fundación de Santiago del Saltillo ocurrió al extenderse la zona de amortiguamiento o de seguridad para los intereses plateros en Mazapil, Zacatecas, cuya riqueza minera había sido descubierta13 al ramificarse el Camino Real, en sucesivas oleadas de conquista y fundación de una cadena de presidios en lo que se considera una frontera interior (de guerra) entre los españoles y la gran chichimeca.

Los datos de la fundación de Saltillo son controversiales pues el documento de fundación original se encuentra perdido. Estudiosos locales14 consideran que Saltillo se originó como el Presidio de Santiago del Ojo de Agua del Saltillo el 25 de julio de 1555 (día del Apóstol Santiago). Otros consideran que se fundó el 25 de julio de 1577. Unos consideran que se fundó en lo que es hoy el barrio del Ojo de Agua (al sur del centro histórico), otros consideran que se fundó en la región hoy conocida como la Aurora (al oriente de la ciudad rumbo a Arteaga15).

En sus inicios Santiago del Saltillo fue una frontera de indios, territorio de grupos diversos de indios de la gran chichimeca16, algunos muy aguerridos, particularmente entre estos, los del grupo de los Huachichiles (o cabezas rojas, porque acostumbraban pintarse de rojo la cara) y los Borrados y Rayados, estos grupos eran nómadas que vagaban libremente por las zona que era su territorio de recolección y caza.

Al fundar Saltillo, de acuerdo a las ordenanzas reales, los españoles procedieron a fijar el sitio de la plaza de armas y la casa de gobierno, eligieron un lugar a aproximadamente 1000 metros ligeramente al noreste del Ojo de Agua en el sitio en el piso del valle, pero aparentemente no erigieron templo alguno ahí en ese momento. Sin embargo los monjes franciscanos con Fray Lorenzo de Gaviria al frente establecieron un convento franciscano en 1582, el cual se ubica en el lado poniente de la casa de gobierno a unos 1000 metros al norte del Ojo de Agua.

Después de la fundación los españoles agruparon a los indios Huachichiles y les “otorgaron” tierras –en realidad fueron cazados como esclavos y amontonados en patios o “corrales de indios”- pero ellos no pudieron acostumbrarse a la vida sedentaria y abandonaron prontamente el agrupamiento – lograron escaparse de sus captores dejando atrás niños y mujeres. En 1591 el virrey Luis de Velasco ordenó que los Tlaxcaltecas se unieran a los españoles, razón por la cual en ese mismo año en el mes de mayo se fundó un protectorado Tlaxcalteca aledaño a Santiago del Saltillo: San Esteban de la Nueva Tlaxcala, que fue el factor determinante para que el presidio no fuera abandonado.

Los Tlaxcaltecas eran tan necesarios para la permanencia del presidio, que contaban con privilegios (usualmente solo de los Españoles) como el de portar armas, andar a caballo y anteponer el “don” a sus nombres, tierras y agua cedidas, por los habitantes de Santiago, ubicadas al poniente de la casa de gobierno, además los Tlaxcaltecas eran buenos agricultores de granos y hortalizas, apicultores, artesanos y pacíficos pero fuertes y muy pronto aprovecharon las bondades del medio para hacerlo florecer. En 1592 se estableció el templo más antiguo de la ciudad dedicado a San Esteban, en lo que era el convento franciscano a espaldas de la casa de gobierno. El 2 de febrero de 1559 el presido fue elevado a la categoría de villa. Para la época de 1600 la villa de Santiago del Saltillo se encontraba consolidada como frontera de indios.

La asignación de tierras a los Tlaxcaltecas se hizo tomando como base la acequia que desde el Ojo de Agua, descendía de la meseta de Arizpe, repartiendo el agua en el centro, cruzando el poblado en dirección ligeramente sureste a noreste. Esto fijo, desde su origen en el siglo XVI la fisonomía de Saltillo al determinar un eje generatriz, no al norte-sur, como se ordenaba, sino ligeramente sureste-noreste que es una orientación más propia de la ciudad tomando el cuenta su topografía y su hidrografía que en esa parte del valle desciende con gradiente en esa dirección. Hoy este eje es la calle Allende que se prolonga hasta convertirse en el Boulevard Venustiano Carranza, hoy una de las avenidas más importantes de Saltillo.

La Catedral de Santiago se empezó a construir hasta 1745 (fue terminada en 1800, aunque la torre se agrego posteriormente hasta fines del s. XIX), lo cual hace suponer que hasta este momento las condiciones de vida permitieron a los habitantes de Santiago ocuparse de tan monumental obra, y se construyó como mandaban las ordenanzas reales frente a la Casa de Gobierno, separada por una plaza. En 1787 se inicia la construcción del templo San Francisco. Para 1750, Saltillo ya es conocido como centro logístico de las provincias septentrionales de la Nueva España.

Así pues, en sus inicios Saltillo contaba con dos polos centrales: (1) La plaza de Armas en donde se ubicaba la casa de gobierno de Santiago del Saltillo (la ciudad de los españoles) y (2) El templo de San Esteban (al poniente de la plaza, atrás de la casa de gobierno) en San Esteban de la nueva Tlaxcala (la ciudad de los tlaxcaltecas); la línea que une esos dos centros fija un eje generatriz en dirección aproximada oriente-poniente (la calle Victoria), que hoy es la calle más importante del centro histórico, y podría prolongarse hasta el cerro del Pueblo (antes Cerro de Tlaxcala).

Materialización de la arquitectura menor en Saltillo

Durante el desarrollo de la ciudad de Saltillo en sus primeras épocas (formación del centro histórico actual), los solares y las calles se fueron estableciendo paulatinamente en trazos ortogonales (damero) a los dos ejes generatrices antes mencionados. La calle Allende (Suroeste- Noreste) y la calle Victoria (ortogonal a Allende, con orientación (Sureste-Noroeste).

No es accidental que en la actualidad, precisamente en la intersección de ambas calles está Plaza de la Nueva Tlaxcala, que contiene un monumento a los fundadores de Saltillo: Españoles, Franciscanos y Tlaxcaltecas que representa la fusión de las tres culturas. Dicho monumento marca un hito muy significativo 17 pues señala el “origen geométrico” de Saltillo.

En el lugar de esta plaza solía situarse el parian en la época de San Esteban de la Nueva Tlaxcala y después un edificio que fue demolido para dar lugar nuevamente a la plaza actual construida en 1987 para conmemorar los 410 años de fundación.

A partir de ese centro, la ciudad creció lentamente en el periodo 1750 hasta la segunda mitad y finales del siglo XIX (1850-1890)18, hasta alcanzar límites topográficos naturales, representados por los arroyos De la Tórtola al oriente y Del Pueblo al oriente. En este periodo las casas de la población se construyeron dando lugar a ejemplos de arquitectura vernácula del noreste de México19 que hoy se observan en el centro histórico Saltillense, desgraciadamente también se observa su destrucción.

El lodo, en particular el adobe20 como material de edificación de muros en la vivienda, se conoce en la región de Mesoamérica desde épocas tempranas en la historia del desarrollo de las civilizaciones indígenas en dicha región, correspondiente a fechas tan antiguas como 3000 a.C.21 según lo señala Torre Zárate. También menciona “la ocurrencia de viviendas característicamente más largas que anchas, en hileras, lo que solía llamarse un patio o corral de indios en aquellos tiempos”. En aquella vivienda “primitiva” la estrechez se explica, según se ve, por La disponibilidad de palos (troncos) suficientemente largos como para cubrir el claro corto. A la costumbre de los indios de hacer casas de tierra se le atribuyen significados esotéricos pues los indios, según señala el mismo investigador.

“Construían casas de adobe con la idea de hacer vivir a la arcilla, porque ropas y casas eran vistas como más piel y más rostros de hombre. Los Toltecas hacían las cosas con el pensamiento del Toltecayotl (Hacer las cosas con el corazón endiosado).”

Podría interpretarse esto como que los poseedores del saber constructivo de la arquitectura de tierra fueron aquellos tlaxcaltecas (acaso dirigidos por franciscanos) y lograron una solución brillante que combinaba requerimientos micro climáticos con requerimientos de orden defensivos, pues las casas de adobe de doble alto con techos de terrado basados en tableados y morillos, con ventanas pequeñas y fuertes portones, proporcionaban la temperatura adecuada en el extremoso clima de la región y eran prácticamente anti-indios pues estos solían trepar las palizadas e incendiar los techos de otras casas más frágiles. Los altos y lisos muros de las viviendas vernáculas tlaxcaltecas son prácticamente imposibles de trepar –debe señalarse que todavía en 1840 y 1870 existen registros de ataques de indios a la ciudad (indiadas).

En 1883 llegó el tren a Saltillo y junto con él los primeros embates del influjo de la modernidad. Los primeros efectos geográficos que tuvo este hecho fue fijar límites muy precisos para la mancha urbana de Saltillo (ya fusionados políticamente los poblados de Santiago y de San Esteban), puesto que el trazo de las vías introdujo restricciones logísticas para el abasto de mercancías de la pujante ciudad que desde siempre fue centro de abastecimiento para el noreste del país, como hemos venido comentando. Las vías fijaron dos límites geométricos que terminaron de enmarcar lo que hoy es el centro histórico de Saltillo. En 1900 la ciudad contaba con 30,000 habitantes y era un pujante centro comercial y emporio del noreste de México.

La arquitectura menor del centro histórico de Saltillo se materializó en el siglo XIX de manera preponderante en forma de viviendas vernáculas típicas de la región noreste de México que eran la solución que el ambiente y la cultura permitían a Saltillo, agrupadas en bloques en una retícula ortogonal con respecto a ejes históricos muy bien definidos; también ocurrió dentro de límites topográficos muy bien definidos entre los principales arroyos de la ciudad en los costados oriente (La Tortola y la Tortuga) y poniente (El Pueblo) y por el ferrocarril y la meseta de Arizpe en el norte y sur, respectivamente.

El establecimiento del Templo de San Juan Nepomuceno (1878) proporcionó un notable ejemplo de arquitectura Neoclásica, a un lado de los edificios del Casino de Saltillo (1900) y de la Normal Superior (1908). Mismoque adoptaron algunas de las principales casonas de Saltillo.

Se puede pensar que esto dio origen a una serie de remodelaciones de fachadas en el primer tercio del siglo XX, que originaron los inmuebles de vivienda con profusos ornamentos de ladrillo en su fachada, que insinúan motivos neoclásicos –Ahora que ya no había el peligro de que los indios escalasen los muros invadiendo el hogar.

Para principios de 1900 el temor de los ataques indios había sido desterrado totalmente y la llegada del ferrocarril impuso un mayor auge comercial y cultural en la ciudad. La construcción de fachadas de ladrillo de barro cocido y el arte de la herrería que se requería para la ornamentación de ventanas y ventilas se logra mediante obradores y piro-metalurgia del plomo que existían ya en Saltillo para esa época.

En la época de 1890 a 1930 se remodelaron las fachadas de muchas viviendas vernáculas del centro histórico de Saltillo adicionándole la ornamentación que hemos descrito, originando las casas con fechas en la portada (y muchas otras sin fecha) que vemos hoy en día en el “centro histórico”. Estas casas, muchas veces desestimadas como arquitectura de adobe sin valor, contienen los gérmenes del origen de Saltillo en sus muros, techos y pisos. Contienen la huella cultural de los habitantes de Saltillo desde que éste era un presidio y deben ser valoradas en toda su extensión como patrimonio histórico y cultural de la ciudad, por ende patrimonio del siglo XX.

En la actualidad del siglo XXI, Saltillo se ha convertido en una pequeña metrópoli polinuclear, perdiendo la centralidad que tenía en épocas pasadas, pero ¿Acaso alguna vez tuvo dicha centralidad en el sentido estricto? Se duda de que alguna vez la haya tenido, en virtud de la historia que ha sido referida, pues Saltillo nació siendo una ciudad con dos centros, producto del sincretismo cultural y siempre ha ido adaptándose conforme las oleadas de culturización la invaden. Hoy en día puede caracterizarse como una ciudad profundamente impactada por la globalidad y el capitalismo. Siempre lo ha sido.

Conclusión

Para concluir, se retoman las cuestiones originales que motivaron la presente búsqueda: ¿En qué sentido tiene valor como patrimonio histórico y cultural el tipo de vivienda en Saltillo al que hemos venido aludiendo y cómo se manifiesta la ocurrencia de este patrimonio cultural en la configuración de la forma urbana actual?

Se han señalado las raíces de la mayor parte de la arquitectura “menor” del centro histórico de Saltillo, ligada indefectiblemente a las de los primeros colonizadores de nuestra ciudad: los tlaxcaltecas, pues ellos eran los “portadores” del adobe. Es decir los inmuebles referidos son, por extensión histórica, herencia tlaxcalteca.

También se ha señalado cómo el establecimiento de los primeros trazos la ciudad desde su época como presidio y como sede de dos centralidades, la española y la tlaxcalteca, definió un trazo que se ha escalado en proporciones gigantescas hasta ser lo que hoy es Saltillo. Vemos que los elementos de la ciudad se leen y entienden en su origen mediante este análisis.

Desde un punto de vista sincrónico, puede concluirse que muchos inmuebles en el centro histórico de Saltillo corresponden al tipo multicitado en el presente ensayo. Esta arquitectura de principios del siglo XX, puede caracterizarse como arquitectura vernácula del noreste de México, que ha sido modificada, al menos en la apariencia de su fachada, de acuerdo a oleadas modales que llegaron a Saltillo con el paso de las décadas, particularmente la influencia de carácter neoclásico, siendo uno de los principales representantes de esta arquitectura en Saltillo el Templo de San Juan Nepomuceno22.

Para valorar algo hay que conocerlo, pero conocer algo implica conocer su significado; la legibilidad del centro histórico como la de un buen relato de historia o mitología está ligada a problemas lingüísticos o más ampliamente del campo de la semiótica23.

Si bien en el presente ensayo se ha intentado una aproximación puramente observacional, en el contexto de la semiótica de la arquitectura menor del centro histórico, el poder constatar la existencia en el Saltillo actual de una serie de viviendas y edificios públicos en correspondencia tipológica con otros ejemplos de arquitectura mayor de una forma tan marcada, según se interpreta aquí, nos hace postular como una posibilidad la aplicación de herramientas como el modelo de semántica estructural para representar apropiadamente la muestra significativa no probabilística de los edificios referidos, como acertadamente lo señala Martínez Cadena24 -El ser capaces de re- expresar su roto significado, es el requisito para su conservación.

En este orden de ideas, puede constatarse para el grupo de los inmuebles de vivienda referidos (la muestra), su cumplimiento de criterios básicos que los definen como una “población”, a saber: (1) son producto de una cultura específica, en este caso la mano tlaxcalteca dirigida por la piedad franciscana, como el desarrollo de una solución al problema de adaptación en el semidesierto (2) son un espacio definido, en este caso, inmuebles de vivienda vernácula del noreste mexicano; (3) pertenece a tipos evolutivos significativos, en este caso: imitan o insinúan en su propia escala estilos arquitectónicos mayores correspondientes a un eclecticismo historicista25 algo tardío, particularmente neoclásico; (4) poseen características geométricas definidas, en este caso una profusión de ornamentos neoclásicos del orden dórico bastante conspicuos; aunque en los casos más espléndidos aparecen ornamentos del orden jónico y corintio.

A partir de lo anterior, podría prosperarse en la indagación de los componentes del modelo estructural tales como el campo, ejes y marca semánticas que caracterizarían a los inmuebles referidos como un objeto cultural bien definido, por ende, conocido, es decir, fácilmente valorable, pero esta investigación semiológica se pospone debido a las limitaciones de alcance del presente ensayo, sin que por ello disminuya la necesidad de una elaboración precisa e importancia de dichos estudios.

Al considerar un punto de vista diacrónico, el análisis de la arquitectura menor del centro histórico de Saltillo nos permite constatar una clara evolución concurrente con el devenir histórico de la ciudad, desde un origen como viviendas de altos muros lisos de adobe y techos de tierra, que respondía a requerimientos climáticos y defensivos, hasta su modificación de acuerdo al influjo de una corriente de eclecticismo historicista que dio lugar a bellos ejemplos de arquitectura neoclásica mayor en la ciudad, imitados por los inmuebles de vivienda referidos en el presente ensayo.

La llegada del ferrocarril a Saltillo marcó otro hito histórico como detonador del desarrollo urbano. El ferrocarril, fue el vehículo de la modernidad que trajo a Saltillo la oleada modal del historicismo, que dio origen a los edificios del templo de San Juan Nepomuceno (neoclásico corintio), la Normal Superior (neoclásico jónico) y el Casino de Saltillo (neoclásico dórico).

En su turno, los primeros edificios de estilo neoclásico, principalmente el del templo de San Juan, sirvieron de modelo para la remodelación de las fachadas de muchas viviendas vernáculas de principios del siglo XX, adornadas con motivos neoclásicos correspondientes al orden Dórico, pues es el más fácil de realizar en ladrillo por sus líneas rectas, no así los ordenes Jónico y Corintio que presentan motivos geométricos curvos más complejos y que difícilmente se construirían en ladrillo.

También existen algunos edificios actuales muy notables porque ejemplifican manifestaciones sumamente tardías de la corriente del historicismo neoclásico en Saltillo, como si la arquitectura mayor de finales del s. XX, quisiera dar fe del estilo de la arquitectura menor de Saltillo de principios del s. XX.

Tal es el caso del edificio del Teatro de la Ciudad “Fernando Soler” y del edificio del Palacio del Congreso del Estado de Coahuila, ambos de estilo neoclásico de orden jónico, extrañamente recubiertos de cantera rosa “importada” de la región de San Luis Potosí; curiosamente están ubicados en los terrenos en la calle Francisco Coss, que hasta la época de su construcción, era la ubicación de patios de maniobra de la estación del ferrocarril.

Al buscar elementos para conocer el valor patrimonial histórico y cultural de la arquitectura menor del centro histórico de Saltillo, se han podido constatar plenamente las palabras inicialmente citadas de Salas Spíndola, en el sentido de que ese tipo de arquitectura es producto y síntesis de una larga historia. Si se han logrado señalar los aspectos fundamentales de ese largo génesis de la arquitectura menor saltillense y sus características específicas como bien cultural, entonces se ha logrado una contribución a su valoración y avanzado hacia la urgente fundamentación de su protección antes de que el polvo vuelva al polvo.

* Luis Everardo Castro Solís. Doctor en Arquitectura, Diseño y Urbanismo por la UAEM. Ingeniero civil (UA de C, 1990) y maestro en ciencias con especialidad en ingeniería ambiental (ITESM, 2000). Profesor investigador de tiempo completo en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Coahuila. Catedrático de diversos programas de posgrado de su especialidad, es autor de Apuntes de pensamiento crítico. Ciudad región y territorio. UAEM, 2020.
Correo electrónico: lucastros@uadec.edu.mx

Notas:

1 Del “Catálogo del Centro Histórico de Saltillo” disponible en el Archivo Histórico Municipal de Saltillo, se examinaron 336 fichas; de la porción examinada el 95% corresponde al periodo 1890-1930, siendo el 90% de la muestra del s. XX. 176 fichas (49%) corresponden a inmuebles del tipo específico de fachada que referiremos en el presente ensayo. Estas proporciones se conservan al considerar una muestra de campo en un recorrido por la parte poniente (parte correspondiente al sector “tlaxcalteca” del centro histórico).

2 Raúl Salas Spindola. Contribución al análisis fenomenológico de los centros históricos. Desarrollo urbano, población y valorización cultural. Por su parte, A. Rossi en La arquitectura de la ciudad señala “Viollet le Duc descubre que, en la arquitectura, la casa es la que mejor caracteriza las costumbres, los usos, los gustos de una población; su estructura, como sus caracteres distributivos no se modifican más que a través de mucho tiempo” (p. 112, p. 163).

3 A pesar de existir en Coahuila una Ley Estatal de Protección al Patrimonio Cultural (29 de abril de 2005), se estima que el justo valor como bien cultural e histórico de estos inmuebles no ha sido justamente apreciado en todos sus alcances e influencia en la conformación de la metrópolis actual que es Saltillo. En este ensayo se aspira a contribuir a mejorar la perspectiva con que se valora esta arquitectura, cuya desintegración es palpable.

4 Jimmie L. King. La arquitectura vernacular del noreste de México. La arquitectura vernacular del noreste de México es un brillante ejemplo de la modificación de la arquitectura de la vivienda por el clima y de la adaptación lograda para crear microclimas sostenibles en el ambiente desértico. Las casas de adobe son frescas en verano y calientes en invierno de forma natural.

En cuanto a la identificación de la arquitectura vernácula, Filippi y Balbo (2005), señalan entre los parámetros para que una arquitectura sea reconocida como tal, que debe ser expresión de una tradición constructiva ancestral aun viva, en segundo lugar es preciso que haya sido construido por nativos del lugar, además que se utilicen materiales locales y que estos al cumplir su ciclo vital sean devueltos sin riesgo o contaminación ecológica al propio suelo.

5 En muchas ocasiones se observa que el “muro” de fachada –un muro adosado al muro frontal de la casa- rebasa considerablemente la altura de la casa vernácula, ya de por si alta. Aparentemente un programa de “mejoramiento de fachadas” ocurrió a finales del s. XIX y principios del XX, afirmación que se sustenta en las fechas en la herrería del portal de las casas y en el hecho de que la comparación de mapas muestra que en el área del centro histórico existían inmuebles de vivienda desde un periodo anterior.

6 Una hilada de ladrillo a manera de relieve sobre el plano del muro, generalmente simulando una columna clásica entre otros elementos que lo sugieren. De aquí que pueda considerarse una fachada con ornamentos tipo neo-clásico.

7 Según las normas de restauración de inmuebles federales de la extinta SAHOP. Ficha No. E 03 02 (Abril de 1980), el bruñido consiste en aplicar sobre el entortado común una lechada a base de cal grasa apagada en obra, arena cernida en tela de mosquitero y baba de nopal; debe aplicarse con llana metálica o cuchara de entallar y a continuación se frota con “bruñidor” de madera de chicozapote –madera del árbol de Manilkara zapota- o con piedra bola perfectamente tersa, para lograr su perfecta integración con el entortado, rociando la superficie con baba de nopal aplicada con chulo. El entortado así tratado debe recubrirse con una película de polietileno por un término de 28 días como mínimo.

Castro Solís – Valoración de la arquitectura menor del centro histórico de Saltillo

8 El término patrimonio cultural lo podemos recuperar de la “Ley para la protección del patrimonio cultural del Estado de Coahuila” en su artículo 38 sobre la constitución del patrimonio cultural reza: “El patrimonio cultural del estado está constituido por los bienes tangibles e intangibles portadores de valores testimoniales de la identidad de los individuos y de sus comunidades, con independencia de su fecha de creación, los cuales serán objeto de un régimen especial de protección, en los términos de la presente ley.”

9 Aldo Rossi, Op. Cit., (P.55), señala que, la lectura posible de lo urbano está en la consideración de los monumentos como portadores de significados del pasado y que en la vivienda se conjugan muchos factores de índole cultural. Explica el significado de los monumentos en la lectura de la ciudad: “Puesto que el rito es el elemento permanente y conservador del mito, lo es también el monumento que, desde el momento mismo que atestigua el mito, hace posibles sus formas rituales”. Fulcanelli en su libro El misterio de las catedrales (1922), también explora el mito en relación con el monumento gótico y la interpretación esotérica de los símbolos herméticos, como una expresión de “conocimiento olvidado”; relaciona el término arte gótico con el argot o lenguaje de los argonautas que acompañaron a Ulises en la Odisea; se liga recurrentemente el lenguaje a la arquitectura. ¿Cómo no? Sí ésta es una de las formas más sublimes que asume el lenguaje humano, porque además de arte es función del ser y del medio.

10 En este ensayo se refieren las viviendas vernáculas con “fachadas de ladrillo que presentan motivos neo-clásicos generalmente del orden dórico” de finales del s. XIX y principios del s. XX (Periodo de 1890 a 1930) ubicadas en el centro histórico de Saltillo.

11 El Desierto de Chihuahua presenta una altitud que varía entre los 600 m a los 1675 m de altura sobre el nivel medio del mar. Usualmente, las temperaturas varían entre los 35 °C y 40 °C durante el día. El clima invernal varía de moderadamente templado a muy frío dependiendo de la altitud. La precipitación es menor a los 250 mm por año, con la mayor parte de la lluvia cayendo durante la temporada de monzón al final del verano. La precipitación en forma de nieve es escasa con excepción de las regiones ubicadas a mayor elevación. (de Wikipedia).

12 Luis Arnal en su artículo “El sistema presidial en el septentrión novohispano, evolución y estrategias de poblamiento” escribe: “El presidio como instrumento de defensa y pacificación fue entendido como una pieza fundamental en la ocupación del territorio, de tal forma que en sus inicios defendió las rutas y caminos, para después ser un elemento de estrategia para ir poblando el norte de México para esto se diseñaron diferentes métodos desde la agrupación con pequeños asentamientos agrícolas y mineros y la línea de presidios en una frontera ideal, hasta la conversión de los establecimientos militares en poblados de nueva traza.”

13 Hernández Chaves en su síntesis “México, breve historia contemporánea”(P. 62- 63) menciona que, a partir de 1540, los conquistadores españoles, abandonando el mito de las ciudades de oro – Cíbola y Quivira, centran su atención en el altiplano y en las regiones del septentrión, motivados por los asentamientos prehispánicos sedentarios y por su apetito por los yacimientos de plata, avanzando lentamente y obstaculizados por la resistencia de indios nómadas, motivo por el cual el virrey Antonio de Mendoza reagrupó más de 30,000 hombres, entre aliados indios y españoles. La Guerra del Mixtón (1540-1542) fue uno de los primeros proyectos para dominar a los indios rebeldes reagrupados en los territorios del norte, recompensado por el descubrimiento de los yacimientos argentíferos de Zacatecas en 1546. Lo cual a su vez permitió la fundación de las provincias de la Nueva Galicia, Nueva Vizcaya, Nuevo León y Nuevo México entre 1550 y 1590.

14 Héctor Rodríguez Franco en su artículo “Descubrimiento y Fundación del Presidio del Ojo de Agua de Saltillo” (P. 9) menciona la fecha de 1555 a partir de la Monografía Histórica de Coahuila del historiador y habitante de Saltillo Tomas Berlanga (1922). Otros historiadores como Pablo Cuellar Valdés (Historia de la ciudad de Saltillo, 1975) o Vito Alessio Robles (Saltillo en la historia y en la leyenda, 2000), basados en una carta sobre la fundación de Torreón entre Urdiñola y el Virrey Luis de Velasco, mencionan la fecha de 1577 y a falta de un día preciso para la fundación (que no se cita en la carta) le asignan el día de Santiago, es decir el 25 de julio de 1577.

15 Aún en la actualidad con los acuíferos sobreexplotados y habiendo casi desaparecido el artesianismo en los linderos de la meseta de Arizpe, la zona oriente sigue siendo la zona más verde del valle; en aquel entonces debió haber sido un paraíso y no sería raro que los “padres” fundadores – cazadores de esclavos- sentaran sus reales en esa zona y además ahí se encuentran los vestigios más antiguos de estructuras, que no en el centro de Saltillo (A excepción de los templos).

Por otra parte, el barrio del ojo de agua se pobló hasta 1873 en que ocurrió el reparto de terrenos en torno a la plaza Félix U. Gómez, para iniciar el barrio. Anteriormente solo había la hermita que servía de protección al Ojo de Agua considerado milagroso y un pequeño acueducto que conducía el agua hasta un gran depósito, que todavía se encuentra en servicio en el sistema de agua de Saltillo.

16 Chichimeca, término náhuatl que significa “perro suelto”. Cecilia Sheridan Prieto en su artículo “Indios Madrineros. Colonizadores Tlaxcaltecas en el noreste novohispano” (p. 15-51) señala que hubo en principio dos grupos de colonizadores: Los españoles “grandes capitalistas sedientos” y las ordenes mendicantes. Pero el virrey Luis de Velasco, mediante capitulaciones de 1591, dispuso el empleo de los Tlaxcaltecas, aliados de los españoles en la conquista, como “indios madrineros”, acompañantes de los conquistadores en la tierra de la gran chichimeca, como un “amortiguador” cultural.

17 Es imposible no repensar las reflexiones de Aldo Rossi en el sentido de interpretar los monumentos como portadores de significados remotos y a veces insospechados –la legibilidad está ligada por definición al problema lingüístico de la de la triada signo-significado-significante. El sentido de la estatua en la plaza de la Nueva Tlaxcala “que representa la fusión de las culturas española y tlaxcalteca” es totalmente congruente con su ubicación.

18 Hitos históricos importantes en el s. XIX en Saltillo: En 1821 se estableció el Templo El Calvario en el límite norte de la ciudad. En 1844 uno de las últimas indiadas (ataques de indios) se registró y fue repelido desde el Calvario. En 1861 Se inauguró la primera casa comercial grande (cuyo propietario fue Dámaso Rodríguez e hijos. En 1862 se construyó la penitenciaría, imaginamos que por la necesidad de enclaustrar a muchos maleantes de la región. En 1867 se inició el Ateneo Fuente, alma mater de muchos de los hombres ilustres que parió Coahuila, entre ellos varios historiadores y cronistas. El 31 de mayo de 1868 se promulga la primera constitución del Estado Libre y Soberano de Coahuila y por esa época se fusionaron Santiago y San Esteban como la ciudad de Saltillo. En 1868 también se estableció la línea primera telegráfica, primero con Monterrey y para 1870 con San Luis Potosí. Para 1877 se había desarrollado la Alameda tal como la conocemos, salvo que era cruzada por la calle Victoria. En 1878 se construye el Templo de San Juan Nepomuceno y el Colegio de San Juan (Hoy Museo de las Aves de México). En 1898 se construyó la primera red de agua potable y alcantarillado, lo cual contribuyo a fijar la retícula de la traza urbana y fue terminada en 1903. Pero uno de los mayores momentos en la historia de Saltillo y que traería transformaciones importantes fue la llegada del ferrocarril del norte en 1883.

19 Salvo las viviendas de los extranjeros avecindados en Saltillo y construían casonas muy notables, muchas que aún pueden verse y que junto con los edificios históricos y educativos entre otros, constituyen lo que podría denominarse arquitectura “mayor” y que viene a proporciona los arquetipos culturales que influencian la modificación de la arquitectura “menor” en tiempos modernos.

20 Adobe: “Bloques cuadrados de dimensiones uniformes y convenientes para facilitar su manejo y uso como material de construcción de muros, elaborados mediante una mezcla de lodo con paja, u otro material que sirva como malla de enlazamiento evitando su agrietamiento durante el endurecimiento” (Adaptada de Wikipedial). Parece ser que el adobe fue descubierto como material de construcción en cualquier parte del mundo y en diversas épocas en que el medio ambiente requirió y a la vez posibilito su uso en la construcción de viviendas.

21 Gerardo Torre Zárate, La vivienda prehispánica, Rev. DADU No. 5, 2009 (P. 375). Cita a Matus Moctezuma, quien en un documento denominado “La casa prehispánica” (INFONAVIT, 1999) señala la existencia de evidencias de la utilización de adobes en viviendas en lo que hoy es México en diversas épocas prehispánicas y regiones: por ejemplo, en viviendas de Tehuacán, Puebla (3000 a. C); en Oaxaca (1400 a 500 a. C); en Tula, Hidalgo (1000 a 1200 d. C).

22 Observamos también, pero no se ha tratado en este ensayo, como modificaciones más tardías de la fachada de la misma arquitectura vernácula, dan lugar a expresiones de tipo Art-decó, que estuvo en boga en Saltillo más tarde (c. 1940), en correspondencia a la ocurrencia de ejemplos mayores como el edificio del Ateneo Fuente y la escuela Álvaro Obregón.

23 Roland Barthes en el comentario a su compilación “Análisis estructural del relato” hace énfasis en que “los textos que en su momento han sido considerados canónicos para la comprensión de la lingüística estructural, su metodología, aplicaciones, posibilidades y límites ahora son considerados preponderante para el estudio de todo sistema comunicativo”. Sin duda es aplicable al lenguaje de la arquitectura.

24 María Isabel Martínez Cadena en su artículo “Aplicación del modelo semiótico de la semántica estructural al campo de la arquitectura” (RDADU No. 7, p. 96-97), señala y discute muy claramente la aplicabilidad del modelo de semántica estructural (MSE) como herramienta para “representar y explicar un conjunto dado de hechos semióticos” siempre y cuando el modelo sea válido (“comprehenda” al fenómeno). Señala la utilidad del MSE en la línea de conservación para “restituir el significado que estaba asociado al significante para una sociedad en un tiempo y un espacio. Esta reconstrucción del signo es lo que garantiza su conservación por las generaciones futuras, con base en su valor cultural”. Los criterios básicos de definición de la población significativa sugeridos, se toman siguiendo el trabajo de esta investigadora, quien lo aplicó a la caracterización de las canchas del juego de pelota prehispánico.

25 Según refiere Ramírez Rodríguez en su libro “La arquitectura del por lo que se ha agregado el calificativo “tardío”.

Referencias acotadas

Bibliografía

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Cuellar Valdés, Pablo. Historia de la ciudad de Saltillo. Libros de México, S.A. de C.V., Saltillo, 1975. 300 pp.

Cuello, José. El norte, el noreste y Saltillo en la historia colonial de México. Archivo Municipal de Saltillo. Saltillo. 1990. 190 pp.

Fulcanelli. El misterio de las catedrales. Colección Ensayo Filosofía Debolsillo. Barcelona. 2003. ISBN 978- 8-4975-95148

Hernández Chávez, Alicia. México, breve historia contemporánea. Fondo de Cultura Económica, México, D.F., (2000). ISBN 968-16-6077-3.

Ley Estatal de Protección al Patrimonio Cultural (29 de abril de 2005).

Ramírez Rodríguez, Jesús. La arquitectura del noreste de México. Universidad Autónoma de Coahuila. Saltillo. 2001. 234 pp. ISBN 968-6628-33-9

Rossi, Aldo. La arquitectura de la ciudad, Gustavo Gilli, Barcelona, 1971.

SAHOP. Normas de Restauración. Dirección General de Obras en Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural. Dirección de Restauración de Inmuebles Federales. Texto no oficial en estudio. Abril de 1980.

Hemerografía

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Martínez Cadena, María Isabel. Aplicación del modelo semiótico de la semántica estructural al campo de la arquitectura, RDADU No. 7, 2010, (pp. 94 – 104).

Rodríguez Franco, Héctor. Descubrimiento y Fundación del Presidio del Ojo de Agua de Saltillo. Revista Hablemos de Arquitectura. Cuadernos de Arquitectura No. 18. (P. 9), Facultad de Arquitectura. Universidad Autónoma de Coahuila

Salas Spíndola, Raúl. Contribución al análisis fenomenológico de los centros históricos. Desarrollo urbano, población y valorización cultural. RDADU, Año 3, No. 6, 2009 (San Luis Potosí).

Sheridan Prieto, Cecilia. “Indios Madrineros” Colonizadores Tlaxcaltecas en el noreste novohispano, EHN 24, ene-jun 2001, p. 15-51.

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Mediografía

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INEGI. Ciudad de Saltillo. Una visión histórico urbana. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. (Contiene reconstrucciones cartográficas diacrónicas)

Catálogo del Centro Histórico de Saltillo. Archivo Municipal de Saltillo.

Cartografía

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Plano de la ciudad de Saltillo de 1848. Esc. 1:50,000. Archivo Municipal de Saltillo.

Laroche, Eduardo R. Plano de la ciudad de Saltillo de 1902, esc. 1:5,000 29.2x47cm. Archivo de la Junta de Protección y Conservación del Centro Histórico de Saltillo. Saltillo.

Plano general de la ciudad de Saltillo 1930. Esc. 1:50,000. Archivo Municipal de Saltillo.

Plano de la ciudad de Saltillo 1941. Esc. 1:8,000. Archivo Municipal de Saltillo.

Artículo publicado en la revista DADU Revista de Arquitectura Diseño y Urbanismo No. 9, 2011 pp. 268- 285. © Todos los derechos reservados.

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